Viajes

Un Viaje Para El Alma (3ra parte) El Encuentro

Mientras caminaba emocionada hacia el lugar en donde nos reuniríamos, vi pasar a mi lado a una mujer, cuya forma de vestir me llamó la atención. Llevaba una especie de vestido pantalón muy colorido y su cabello lo tenía lleno de trencitas y ganchitos de colores.  -¡Parece un hada!- pensé, tenía una sonrisa mágica dibujada en su rostro. Inmediatamente asumí que sería parte del equipo que nos esperaba para darnos la bienvenida. Grande fue mi sorpresa al ver que sería una de las aventureras que se habían sumado a éste mágico viaje.

Elegí un sitio y me senté, observando a cada una de las personas que se hallaban dentro del salón. ¿Cuáles habrían sido sus razones para llegar hasta aquí?, ¿qué las habría motivado? Mientras todas esas preguntas aparecían rápidamente por mi cabeza, la vi. Ahí estaba, sentada en una mesa de conferencia, con un look muy relajado e informal, era Hania, la autora del libro que me había cautivado y que había sido el detonante de toda ésta revolución interna que estaba experimentando.

Había pasado mucho tiempo desde que un libro me conectaba con la magia, la energía, la vida, los sueños, la luz. Que ganas de hablar con ella y decirle que su libro me había hecho despertar, que al leerlo había vuelto a conectarme con emociones y sensaciones que las tenía adormecidas.

Ya habría tiempo para conversar con ella, nos esperaban 8 increíbles días que compartiríamos recorriendo lugares y paisajes de cuento.

Una a una nos fuimos presentando, éramos aproximadamente 19 mujeres de todas las edades que habíamos llegado hasta ese lugar por una misma razón: la conexión con la vida y las ganas de recuperar y conectar nuestra luz. Claro que hasta ese momento no lo sabíamos, cada una tenía su historia personal y sus motivos, sin embargo siempre en cada uno de nuestros relatos había algo en común.

Dentro del equipo de Hania, aparte de Silvia, estaba Néstor, un caballero en todo el sentido de la palabra. ¡Parecía salido de un cuento! Me atrevo a confesar que cuando lo vi, lo imaginé como un pirata, como un guardián quien sería el encargado de poco a poco ir revelándonos algunos secretos.

Luego de las presentaciones y coordinaciones para iniciar nuestro viaje, compartimos una cena, en donde irían llegando las últimas aventureras que se unirían al grupo.

Mujeres de México, Chile, Argentina y Perú, iniciaríamos un viaje del cual no habría retorno. Un viaje en todo el sentido de la palabra, en donde no sólo nos trasladaríamos a distintos lugares sino que también viajaríamos hacia dentro.

Ese día se formó una comunidad que compartiría los más bellos aprendizajes, en una tierra (que en palabras de una amiga) sólo sabe dar. (Sole querida tomo tus palabras prestadas).

Continuará…

V.

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